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Ojo por ojo, muerte por muerte

Otra vez con los fallidos intentos por hacer frente al imparable indicie de femicidos se resaltan posturas enfrentadas. El contexto completamente condicionado por la campaña, en el afán de instalarse en la opinión pública, dejan al descubierto sus intereses con medidas que rozan la irracionalidad.

Violencia contra violencia, matar al que mata, y castrar a quienes cometan un abuso. El extremo más reaccionario no visibiliza otra medida que se aleje de los mecanismos represivos que impongan un lineamiento estricto a fin de alcanzar el control; pero claro, que se asemeje a la paz social.

Y que seriamos sin el extremismo, que al plantear “machete al macho”  que hasta parece alinearse con el pedido de pena de muerte. ¿La forma de acabar con la violencia es ejercer otro tipo de violencia que parezca legal?

Lo único claro nuevamente es la diferencia. El tratamiento de un caso, tanto en la Justicia como en los medios de comunicación, estará condicionado no solo por el contexto, sino también por el poder adquisitivo de la víctima y por supuesto el del victimario.

Y al final de cuentas la batalla parece perdida y los centros de reclusión no son más que una especie de alojamiento para esos elementos que no aceptaron las reglas del paño en el que les tocó nacer.

Sin ley ni dictamen judicial, en nuestra provincia, existen los condenados una muerte lenta y silenciosa.

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